El 16 de junio de 1955 la Plaza de Mayo fue bombardeada por aviones de la Armada y de la Fuerza Aérea que pretendían darle un golpe al gobierno democrático del general Juan Domingo Perón.

 

 

Desde el mediodía y hasta las seis de la tarde, los aviones sobrevolaron la plaza, lanzando su mortífera carga sobre los civiles que allí se encontraban. A las 12:45 los aviones de Marina y Fuerza Aérea bombardean la Casa de Gobierno y el Ministerio de Ejército. Arrojan bombas y metralla sobre los transeúntes. El avión piloteado por el capitán de fragata Néstor Noriega, tira las dos primeras bombas de 100 kilos, una sobre el centro de la Casa Rosada y la otra, sobre la arista norte del Ministerio de Hacienda. La tercera bomba cae sobre un trolebús 305, con pasajeros que, en su gran mayoría eran niños que iban a la escuela.

El segundo bombardeo tiene como objetivo la CGT de Azopardo y el Departamento de Policía, en Moreno y Cevallos. A las 15:30, otra tanda de aviones bombardea y ametralla la Casa Rosada, el Banco Hipotecario y el Ministerio de Hacienda.

Una bomba en la estación de subte de Plaza de Mayo acaba con la vida de los desprevenidos que llegaban al lugar. Un camión estalla alcanzado por el fuego en Diagonal Norte y San Martín. Otro grupo de aviones dispara sobre los efectivos del Regimiento 3 de Infantería que se dirigía a la Capital desde Avda. Crovara y Camino de Cintura de La Tabalada.

Dos bombas son lanzadas sobre la Residencia Presidencial, una cae en la Avda. Pueyrredón entre Las Heras y Vicente López y la otra, que no estalla, en los jardines de la Presidencia. Esta bomba, es contenida por el gomero que aún está entre el edificio de la Biblioteca y la Avda. del Libertador. En su última pasada, los aviones descargan su fuego sobre la Plaza de Mayo, masacrando a las personas que recogían a los heridos: enfermeros, médicos y voluntarios que creían que lo peor ya había sucedido.

El intento de golpe de Estado fue reducido y un matutino, al día siguiente, titulaba: “Las palabras no alcanzan para traducir, en su exacta medida, el dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo, la criminal agresión perpetrada por los aviones sediciosos”.

El saldo fue de 364 muertos y cerca de 1000 heridos. De ese total, sólo 44 eran militares. La mayoría de los muertos y de los heridos estuvo integrada por población civil, desarmada, que caminaba por el lugar. Hombres, mujeres y niños perdieron la vida, fueron asesinados, en una aventura de unos pocos.

El golpe salvaje fue dominado y los aviones volaron hacia el Uruguay llevando 90 personas, en su mayoría oficiales, que fueron recibidos en Montevideo y permanecieron allí hasta tres meses después, cuando lograron derrocar el gobierno democrático de Juan Domingo Perón y se encaramaron en el poder dando lugar al comienzo de una dictadura feroz que persiguió, encarceló, torturó y fusiló autodenominándose “La Revolución Libertadora”.

Esta tremenda masacre fue silenciada a lo largo de muchos años por parte de los representantes de la historia oficial. Tuvieron que pasar cuarenta años para poder hacer las listas de los caídos. Los asesinos del 16 de junio de 1955 nunca fueron condenados.

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