Cada historia resulta una esperanza. Para quienes esperan la ayuda de los otros y para reconciliarse con la humanidad, ésa que, más allá de las dificultades nos revela, solidarios. Es el Barrio Santa Mónica  y la casa es una casa militante desde siempre. Una unidad básica, dice la vecindad. Son los González.

 

 

 

 Graciela y Oscar hace años le extienden la mano a quien lo precisa. Y esta vez, a esa acción social y comprometida, se les suman Cintia, Betania y Héctor, sus hijos. También Noelia, Belén, Lorena y los Pereyra, todos sobrinos y vecinos que se involucran en ese hacer por los demás.

 

 

A pesar del agua en el barrio, Graciela está feliz de ayudar. Y de contar con su familia y sus vecinos. “La nuestra es una parte seca. Por eso podemos hacer esto y de corazón. La gente está muy necesitada por eso pedimos colchones, ropa, pañales y agua, eso es lo más urgente. Estamos haciendo merienda y algo de comida para paliar la situación”, dice.

Los González tienen puesta una camiseta: la de la solidaridad.

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