Desde Mónaco, Evita partió en tren el 3 de agosto hacia Ginebra, tras la confirmación de la invitación formal cursada por el gobierno helvético. En Suiza permaneció cinco días recorriendo Ginebra, Neufchatel, Berna, Zúrich y Saint-Moritz.


En Ginebra, Evita fue recibida por altas autoridades locales y por el director de la Oficina Europea de las Naciones Unidas. Luego, siempre en tren, viajó a la capital suiza, Berna, donde la esperaba una recepción poco usual en Suiza, con una multitud que la aplaudió a la salida de la estación.

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