El 25 de mayo de 2003 Néstor Kirchner jura como presidente de la Nación encarando el desafío de sacar al país de la depresión económica.


Tiene por delante una difícil renegociación de una deuda externa de aproximadamente 180 mil millones de dólares y restaurar las relaciones con la comunidad internacional.

 

Rechazando de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad, el primer mandatario aseguró que había concluido en Argentina un modo de hacer política y de gestionar y propuso recordar “los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros. De nuestra generación, que puso todo y dejó todo, pensando en un país de iguales. Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver”, afirmó el presidente ante varios de sus colegas de la región, como Fidel Castro, de Cuba; Ignacio Lula da Silva, de Brasil; Ricardo Lagos, de Chile; y Hugo Chávez, de Venezuela.

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