Perón abandona el Paraguay hacia donde se había dirigido al cabo de su derrocamiento.

 

Al llegar a Asunción, se alojó en la casa del empresario argentino Ricardo Gayol, radicado hacía muchos años en el Paraguay. Al día siguiente ofreció la primera entrevista periodística en el exilio, a un enviado de United Press International, en las que afirmaba haber sido derrocado por una «reacción oligarco-clerical» y su confianza en la fuerza del peronismo. El mismo día en que se publicaron esas declaraciones en la prensa, el depuesto vicepresidente Alberto Teisaire lanzaba una serie de acusaciones contra Perón, haciéndolo responsable de su propio derrocamiento, y al mismo tiempo lo acusaba de «cobarde y vergonzosa deserción frente al adversario». El 12 de octubre se formó un Tribunal de Honor del Ejército Argentino para juzgar la conducta de Perón, presidido por el general Carlos von der Becke, e integrado además por los generales Juan Carlos Bassi, Víctor Jaime Majó, Juan Carlos Sanguinetti y Basilio Pertiné; varios de ellos habían servido con lealtad al presidente derrocado.

 

El 8 de octubre, día de su cumpleaños, recibió a dos periodistas para hacer declaraciones sobre la situación argentina. Al despedirse del segundo un periodista de la NBC, lo invitó a visitarlo cuando regresara a Buenos Aires. El periodista le preguntó cómo haría para concretar ese regreso, a lo que Perón respondió: «¿Yo? Nada en absoluto... Todo lo harán mis enemigos.»

 

El 17 de octubre, por presión de la dictadura argentina, Perón fue arrestado y trasladado a Villarrica, a una casa de campo cerca del pueblo. Mientras tanto, en Buenos Aires el Tribunal de Honor dictaminó que Perón había cometido una amplia gama de delitos que incluía el de incitación a la violencia, quema de la bandera nacional, ataques a la religión católica y estupro ―acusándolo de mantener una relación con Nelly Rivas, a la sazón menor de edad― y recomendó que se lo degradara y se le prohibiera el uso del uniforme. Posteriormente el general Lonardi firmó un decreto aprobando y poniendo en ejecución esas recomendaciones.

 

Poco después, Perón decidió aceptar una invitación del dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza, para visitar ese país; se rumoreaba que sicarios enviados desde la Argentina intentarían asesinarlo y Stroessner, por su parte, estaba cada vez más incómodo con la presencia de Perón.28 De modo que el 2 de noviembre, Perón partió en un avión de la presidencia paraguaya hacia Nicaragua.

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