Perón enuncia: “La doctrina nuestra a la que llamamos justicialismo, auspicia la creación de un orden justo entre los hombres y la sociedad, entre lo material y lo espiritual, es profundamente cristiana. Por eso no somos individualistas ni somos colectivistas y aspiramos al equilibrio entre los derechos del individuo y los de la sociedad”.

 

A partir de 1948, el peronismo adoptó varios sistemas de 12 vías de transmisión simultánea únicos en Sudámerica que, en 1943, representaban 49 730 km, y en 1951, 384 000 km de líneas. El notable mejoramiento del servicio significó la instalación de millares de aparatos automáticos, la baja en las tarifas y la conversión de centrales manuales, disminuyendo de ese modo hacia fines de 1951 la cantidad de teléfonos atendidos por personal de operación. En solo cinco años -luego de décadas de atraso- se crearon 25 centrales telefónicas en Buenos Aires.

 

Dentro del conjunto de obras previstas por el Primer Plan Quinquenal del primer gobierno de Juan Domingo Perón, el miércoles 31 de octubre de 1951 se inauguró el Palacio de Correos y Telecomunicaciones de Mendoza, desde la cual se centralizará toda la red de comunicaciones telefónicas cuyanas, recientemente automatizada.

 

En 1953 comenzaron a instalarse teléfonos públicos en las principales ciudades del país, y al cabo de un año había 6400 teléfonos públicos instalados en el Gran Buenos Aires, que brindaban a ENTel un ingreso diario de 700 000 pesos.

 

Este auge de inversiones se vio repentinamente paralizado en 1955, tras perpetrarse el golpe de Estado que instaló en el poder a la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, durante la que el crecimiento de las telecomunicaciones dejó de ser prioridad del Estado y comenzó un gradual deterioro en los servicios hasta el fin de su régimen.

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