Telegram:@RTDrugs купить закладки скорость, гашиш, бошки, амфетамин, мефедрон, кокаин, героин El 25 de octubre de 1951, Juan Domingo Perón y Eva inauguran las obras de la Ciudad Estudiantil en la Capital Federal, y juntos recorren luego del acto las obras realizadas.

S.H.I.W.A

 

Las damas de la Sociedad de Beneficencia crearon Escuela Hogares, edificios grandes y austeros con pasillos fríos y ventanas opacas para que los niños internados no podían ver afuera ni ser vistos de afuera. Vestidos con los mismos uniformes grises, las cabezas rapadas, llamados no por su nombre sino por el número cosido a su ropa, recibieron más entrenamiento que educación: se ponía el enfásis en la escuela como trabajo, taller, sweatshop. Las niñas trabajaron largas horas confeccionando ajuares para los bébés de las damas ricas que dirigían los asilos. Los niños sólo dejaban los asilos durante los la época navideña para pararse en las calles y mendigar dinero para la Sociedad de Beneficencia.

 

Los niños no eran los únicos explotados. Un informe del Congreso del año 1939 reveló que algunos empleados de la Sociedad de Beneficencia trabajaron de 12 a 14 horas diarias con un sólo día de descanso cada 10 o 15 días. Algunos no tenían ni un día libre y ganaban 45-90 pesos durante una época cuando el sueldo mínimo era de 120 pesos. (Diario de Sesiones de la Cámera de Diputados, 1939, p. 444). El 95% de los fondos recaudados se usaban para pagar los salarios de las damas de caridad; sólo un 5% se destinó a mantener las obras (ver Felipe Pigna, Página 12, 30/4/2007).

 

Para Evita, la meta principal era crear un puerto seguro para los niños víctimas de las tempestades de la vida. La Fundación estableció veinte Hogares Escuela durante los siete años precedentes al golpe de estado de 1955. Los niños asistían a las escuelas públicas y cada uno mantenía los lazos con su familia nuclear siempre que fuera posible. Integración, no segregación, era el lema de cada Hogar Escuela.

 

La arquitectura de los Hogares Escuelas reflejaba su apertura a la sociedad. El cerco que rodeaba los edificios nunca llegaba más alto de un metro. Los edificios eran típicos de la arquitectura de la Fundación: estilo californiano misionero, amplios y bien iluminados, con techos de tejas rojas, muros blancos y jardines verdes. El decorado interior era de la más alta calidad, con mármol, mosaicos, camas de roble que todavía quedan despues de más de sesenta años de abandono. Manteles alegres y una abundancia de flores, murales pintados para encantar a los niños, libros y juguetes ayudaron a crear un ambiente hogareño.

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